Reseñas

El romance más largo

Una reseña de los libros La luz magnifica lo que toca (Corteza Ediciones) de Carina Radilov Chirov y Adentro suena nuestra nave (Azogue) de Analía Giordanino, por Agustina Lescano
Fotografía de Florencia Palacios, obra de tapa y contratapa de La luz magnifica lo que toca

Analía Giordanino y Carina Radilov Chirov, poetas, escritoras de narrativa y amigas, vienen dando luz a dos obras literarias imprescindibles en la poesía y la narrativa contemporánea. Escriben: en el litoral húmedo, Analía, que vive en la ciudad de Santa Fe; y desde la pampa seca, Carina, de Sunchales. Ninguna de las dos ciudades es un pueblo –Santa Fe es la capital provincial– pero tampoco son muy lejanas a eso que Cristina nombró alguna vez como el país profundo.

“Analía es el romance más largo que tuve en mi vida” confesó Carina en la presentación de su último libro, en la biblioteca La Libre en Santa Fe. Llevan años de leerse mutuamente y compartir lecturas, compartir escenarios para poner el cuerpo y leer, de nutrir una amistad a la distancia que aunque es corta puede ser enorme entre la vida cotidiana de trabajar en las escuelas, buscar el amor, hacerse tiempo para la escritura, cuidar familiares, criar hijes.

La luz magnifica lo que toca es el título del libro, publicado por Corteza Ediciones. Quién sueña por nosotras pregunta, como al cielo, uno de los poemas, que cuestiona: ¿son cercos nuestros sueños? Más adelante, otros versos: ¿A quién culpar si hemos amasado esta pasta cruda/ que vaga entre nosotros al dormirnos? “Trabajás algo de la materia de los sueños, como algo que le robás al futuro”, comentó Analía en la presentación del libro.

En el libro de Carina hay poemas escritos en distintos años, editados en conjunto el año pasado junto a Martina Ramírez, del equipo de Corteza. El título, una afirmación en un instante de observación, sale de un verso de un poema titulado Cotidiano. Es una ventana hacia una tarde de no hacer nada en el patio, cuando no hay apuro, ni hay demandas. En el relato de esa tarde se condensa el viaje del libro por los años pasados, por los amores ausentes. No es un descargo catártico ni un intento de comunicación, son simplemente poemas bellos de alguien que escribe como forma de poner el cuerpo, de entender el amor y el destino, de entregarse al frenesí de querer, siempre querer escribir.

La luz magnifica lo que toca
No hay bondad en ella.
Como un efecto especial,
una ilusión que las cosas aceptan.
Ser consagradas en la luz, tener su instante
/ de esplendor.

Adentro suena nuestra nave es el último libro de Analía Giordanino, editado por Azogue. Reúne poemas basados en escrituras de sueños, soñados, escritos y luego trabajados durante la pandemia. Entre todo lo que se experimenta enrarecido en los sueños, hubo algo que emergió hacia la vida despierta a partir de la pandemia. Después de estar semanas enteras adentro, de planificar cosas que luego se postergaban una y otra vez, de agradecer y maldecir el techo constantemente arriba de la cabeza, el tiempo empezó a ser percibido de otra manera.

La licuadora del sueño mezcla y estira, y eso que en la literatura se puede hacer en un texto, lo hace con los lugares, los vivos y los muertos. En los sueños la casa que aparece como propia es casi siempre la casa de la infancia, y un apenas conocido puede aparecer con un rol protagónico para decir algo clave. Las dudas pueden ser eternas, como en estos versos de Carina:

nunca llego a destino, en mi mente
siempre estoy pedaleando
treinta años
y sigo pedaleando en mi bicicleta verde
preguntándome ¿cómo lo digo?

En los poemas de ambos libros, la pregunta por cómo encontrar las palabras elegidas para el poema, para transitar los días de pandemia, o para escribir contra lo chato de la llanura, para agradecer una tarde disfrutada al sol y nada más, abre una búsqueda por lo bello pero también por lo oscuro, lo misterioso, lo que puede ser escrito distinto, disfrutado en una vida buena. La búsqueda por los efectos de luz cuando embellece las cosas, y los remolinos del sueño cuando remueven lo profundo.

La tapa de Adentro suena nuestra nave cuenta con una ilustración de Cecilia Sosa

En el final del poema La lectora de sueños, de Analía, se describe con surrealismo la práctica de escritura del libro: Cuando sueño no tengo un solo cuerpo:/ el primero reposa en la cama,/ el segundo toma forma al soñar;/ el tercero está en la zona intermedia./ Me quedo en el último / hasta que se deshace,/ y escribo. El lenguaje del sueño se puede leer para ir hacia adelante, para encontrar formas nuevas de ver el mundo. Igual que el deseo de escribir, o que una amistad de años.

En los poemas de ambos libros ese poder de ir y venir a través del tiempo se hace fortaleza. Detengo el tiempo/ como la bala/ que alguien dispara, comienza el poema que se llama Suficiente, hampones, de Analía. La misma fuerza está en un poema de Carina que no tiene título, empieza tajante con el verso Escribir sobre la familia es inevitable, y termina así:

Mientras suceden hecho tras hecho
todos inevitables,
con una malla lábil de palabras
sostengo los animales vivos de los sucesos
para que sigan existiendo
como muertos parlantes
en la escritura.