Crónicas

Había un río

Las imágenes y las noticias sobre la bajante extraordinaria del río Paraná circulan en los medios, en nuestras redes, asaltan el scrolling autómata del teléfono. La arena brilla en eso que antes era agua marrón, mientras las orillas acumulan los restos de la comodidad y la cultura de lo descartable. Se trae a la memoria la bajante histórica del 44, el último antecedente, cuando la sociedad era otra y eran otros los consumos. En este informe, pescadores, científicos, referentes de organizaciones sociales y ambientalistas, nos cuentan qué pasa con el río, sus peces y sus costas.
Por Rocío Fernández Doval / Nota producida para Fundación CAUCE, publicada originalmente en cauceecologico.org
Imágenes de Fundación CAUCE

(…)
¿Qué tiempos son estos, decime?
Un río que no alcanza
a cubrir sus orillas. La danza
de quienes pescan transformada
en pelea por unos pocos peces.
La barranca cae. El barro
se lleva puesto los viejos ranchos isleños.
Decime, ¿qué tiempos son estos?
(…)
Gabby de Cicco
en Las cenizas llegaron a mi patio.
Una antología por los humedales del Paraná (Editorial Brumana, 2021)

Daniel Vargas vuelve a casa. Surca el río a bordo de su Yoyselin desde la isla Santa Cándida. Hace una panza bordeando la Puente y después, sigue derecho hasta Puerto Sánchez. El sol está alto y repica sobre el agua. Llegó a las 7 de la mañana, o un poquito antes. Ahora, que ya son las 3 de la tarde, se vuelve nomás. Lleva un manojo de cinco, seis moncholos.

–No sale nada –exhibe los bichos, que ya lleva posteados, y en la mirada pareciera cruzarse un rayo mesiánico, el deseo de que se multipliquen.

Cosita Romero lo presenta:

–Este es el hombre más fuerte del río Paraná, el remador más impresionante.

Daniel se ríe y asiente, orgulloso de los epítetos. El fin de semana ganó una vez más la carrera de canoas que organiza la vecinal del barrio. Rema desde los 12, cuando empezó a pescar con su padre. Desde el silencio, extiende una mano sobre la canoa, como quien acaricia un caballo, y lanza:

–Si se podría parar la pesca, si habría una ayuda para algunos pescadores… Aunque sea un mes, o dos, parar la pesca un poco. Para que se reproduzca, porque el moncholo hoy va con huevo, el armado también. Y ahí es donde se termina el pescado. Pero si no nos cuidamos entre todos la vamos fundiendo a la pesca me parece…

Pescar es su trabajo, su fuente de subsistencia y la de su familia. El oficio que aprendió de gurí. Todo eso, está tácitamente solapado en sus palabras: Vengo porque tenemos que comer. Respecto a la ayuda estatal, no ha habido noticias. “Los pescadores somos analfabetos, más que por acá no nos movemos, no vamos a ir a pelear por un subsidio, más vale voy a hacer una changa de albañilería…”, va a decir enseguida.

Con Cosita se conocen desde hace más de veinte años. Lo convocó para salir en el 96 a bordo de La enamorada del río. Hacer el camino de la represa río abajo, pueblo por pueblo. Se estaba por instalar el proyecto del Paraná Medio y, a contrapelo de la realidad de muchos pescadores, de las dificultades para organizarse, dieron pelea. A través de su viaje, Cosita Romero y Raúl Rocco, salieron a defender el río y el trabajo de los pescadores.

–Daniel no pudo salir, a último momento, por obligaciones familiares, pero nos acompañó en la lucha –dice Cosita y lo compromete a recordar.

Tiene familia, tiene hijos y, tal como él aprendió de su padre, podrían seguir el oficio. Sin embargo, Daniel Vargas decidió otra cosa.

–No, a mis hijos los mandé a estudiar. Yo me tengo que pelar las manos para sacar un pescado, así que mis hijos no lo van a aprender nunca. Menos hoy, como va el pescado.

Las palabras parecen tranquilas en sus labios. No hay enojo, pero tampoco es resignación. Es lo que es. Daniel Vargas dice lo que está viviendo.

–Impresionante lo que el pescado está cambiando ahora, se ha perdido el sábalo, el surubí. El surubí demora en reproducirse y lo están sacando con tres kilos. De a poco se va terminando el río… hasta que un día vengamos y no saquemos nada.

Bajante extraordinaria

Promediaba el 2019 cuando empezó la bajante. Visto desde el presente, la alerta inicial resulta exagerada. Nadie pensaba que, dos años después, el islote Curupí estaría unido a la isla Puente y que las agencias de turismo ofrecerían caminatas por “el lecho del río”.

La postal es inolvidable: un gran banco de arena, ancho y brillante como el hueso que aparece debajo de una herida. Desde la bajada del Rowing, en Paraná, se ofrecía la vista completa. El desierto emergía del agua. Parecía decir, con toda su violencia: Antes, acá, había un río.

Las lluvias registradas en octubre y principios de noviembre, cubrieron los bancos de arena, al menos por ahora. El Instituto Nacional del Agua (INA), sin embargo, continúa advirtiendo: “Si bien ha mejorado la condición hídrica de la región en la que se genera mayormente el caudal del río Paraná, no debe desatenderse la tendencia climática, la que aún sigue siendo desfavorable. Esta onda de recuperación acotada se propagará por el río Paraná desde Corrientes – Barranqueras, produciendo una mejoría en los niveles fluviales, pero sin salir de la franja de aguas bajas”.

La última creciente fue en 2016. Dos años después, en noviembre y diciembre de 2018 el río alcanzó apenas la cota de desborde. Eso significa que la mayoría de los ambientes acuáticos de la planicie se conectaron entre sí y con el cauce principal del río; pero lo hicieron sólo durante 35 días. Según la investigadora Ana Pia Rabuffetti (2019) es necesario que los eventos de inundación duren por lo menos 3 meses, que coincidan con la época estival de máximas temperaturas y que tengan una intensidad hídrica mayor a los 6 metros para considerarlos óptimos ecológicamente, es decir, para que los peces se reproduzcan.

A partir de julio de 2019 el río empezó a bajar pronunciadamente, hasta que en agosto alcanzó la cota de aislamiento, es decir: gran parte de la planicie de inundación quedó desconectada del cauce principal. En enero de 2020 repuntó y permaneció 51 días por encima de la cota de aislamiento pero, según el informe técnico del Instituto de Limnología (CONICET – Universidad Nacional del Litoral), sólo entre el 7 y el 10% de la superficie de la planicie se conectó durante este periodo.

Justo con el comienzo de la pandemia, en marzo de 2020, el río empezó a bajar otra vez, alcanzó la cota de aislamiento y permaneció por debajo de ella durante 324 días. Sólo se volvió a conectar por 43 días y se infiere “que las condiciones de reproducción de los adultos y supervivencia de los alevinos no fueron ecológicamente favorables”.

Desde entonces, el río Paraná está experimentando una bajante pronunciada y extraordinaria, con valores menores a 0 milímetros en el hidrómetro. En resumen, hace más de dos años que somos testigos de su bajante continua.

La planicie seca, la planicie incendiada

“Los juveniles, las larvitas, tienen que entrar a criarse acá, que está todo seco”, observa Gabriel Ducasse, integrante de la Asociación de Pescadores Deportivos del Litoral, la organización Ríos Sanos y la Peña El Cañazo.

El arroyo Miní conecta el Paraná con el río Colastiné y pasa por debajo de la ruta 168, mientras los autos y los camiones zanjan el puente que permite cruzarlo. El arroyo Miní, en este momento, no existe. Quien vaya en búsqueda de él, por río o por tierra, verá un cauce seco, lleno de vegetación que intenta rebrotar tras los incendios.

Los ciclos de vida de los peces se relacionan intrínsecamente con los hábitats de la planicie de inundación. Se ha estudiado que especies como dorados y sábalos hacen migraciones periódicas, río arriba, que comienzan con el inicio de las crecidas –que indican el comienzo del periodo de reproducción– y terminan una vez alcanzada la zona de desove. Los juveniles recién nacidos colonizan entonces las lagunas de la planicie, donde pueden asegurarse alimento –insectos, materia orgánica de islas y sedimento– y algo muy importante: resguardo de los peces más grandes.

“Como no está conectada la planicie con el cauce principal, los juveniles son devorados por cualquier especie menor –sigue Gabriel Ducasse–. Un surubí, un dorado, que pueden llegar a tener 20 kilos, son devorados por especies que tienen 20 centímetros. Eso es lo que viene pasando desde el 2016, que es el tiempo que hace que la planicie no está totalmente conectada. Tuvimos algunas conexiones intermedias, que promovieron un poquito la reproducción, y algunas especies llegaron a criarse. Pero a partir de 2019 eso quedó prácticamente nulo. No tienen agua en las áreas de cría. Se reproducen en el cauce principal y lamentablemente son muy pocos los que sobreviven. Y esos pescaditos, encima, se alimentan de bichitos que probablemente se murieron con el incendio de las islas”.

Cosita Romero lo había dicho un rato antes: “Las larvas de peces se alimentan de muchos insectos que hay en el humedal, insectos que accidentalmente caen al agua”. Ahora no hay agua en este valle aluvial, ¿qué insectos habrá?

A la bajante extraordinaria, se añade un fenómeno perjudicial para la vida de los peces y de toda la fauna, la flora y el ecosistema total de la cuenca del Plata: los incendios de las islas. En 2020, las poblaciones del litoral y el delta del Paraná asistimos a incendios infernales que perduraron en el horizonte durante meses. El viento traía las cenizas a las ciudades y el fuego desplazaba poblaciones ribereñas. Este año, volvieron a suceder algunos focos.

“En la isla Santa Cándida hay mucha producción de ganado y también hemos visto mucha cantidad de quemas en estos lugares –dice Cosita, mientras camina por el cauce amarillento, lo que en los noticieros llamaban “pastizal”–. Ninguna quema sucede por accidente, son producidas por aquellos que crían ganado en la zona de islas. Queman para que venga el rebrote de las plantas y que el ganado paste, pero se reproducen solamente las plantas de raíces. Hay plantas que son semilleras, dependen de la semilla, y ésas desaparecen de este gigantesco humedal del Paraná. Desaparecen directamente”.

Depredación y ¿resiliencia?

Un equipo del laboratorio de Hidroecología del Instituto Nacional de Limnología (CONICET – UNL) integrado por el Dr. Luis Espínola, la Dra. Ana Pía Rabuffetti y el Dr. Elie Abrial viene investigando la distribución de los peces del tramo medio del Paraná en función de la variabilidad hidrológica. A partir de la bajante extraordinaria, se han centrado en determinar el estado actual de los peces. En octubre, publicaron el informe “El río Paraná, la bajante extraordinaria y los peces. Una mirada aguas adentro” en el que analizaron los posibles efectos sobre la comunidad íctica, con foco en las especies de interés comercial.

Equipo del laboratorio de Hidroecología del Instituto Nacional de Limnología (CONICET – UNL). Campaña agosto 2021, Santa Fe.

Entre las conclusiones, se pone de manifiesto “la necesidad de contar con herramientas que permitan atender y dar respuestas, de modo rápido y basado en fundamentos científicos, ante este tipo de situaciones: vedas automáticas, cese de cupos de exportaciones”.

“Hace cinco años que el río viene en bajante y hace tres que no hay reproducciones óptimas. Hay que tratar de consensuar entre los pescadores y ver cómo trabajar con los frigoríficos”, dijo Espínola en una reunión organizada desde Fundación CAUCE en julio de este año, en el marco del Programa Humedales Sin Fronteras.

“Ponen una red y sacan a mansalva. Es mucho lo que están sacando y si bien hay una dinámica del río de que los peces están adaptados, hay que tener en cuenta que hace tres años no hay una reproducción exitosa. No sabemos qué capacidad de resiliencia hay, una bajante como ésta nunca fue estudiada. Fue la del 44 y recién ahora tenemos algo similar con dos años consecutivos. Es muy probable que el río tenga una capacidad de recuperación rápida, pero hasta que no lo sepamos hay que tomar alguna medida precautoria”, definió.

Hasta el momento, las medidas tomadas tanto en Santa Fe como en Entre Ríos, han sido escasas y llegaron con retraso.

Políticas públicas en la región

Romina Araguas de la organización El Paraná no se toca relata cómo es el escenario en Santa Fe. “Si bien abordamos temas relacionados con los humedales y con su preservación, el año pasado, ante la bajante estrepitosa del río y viendo la situación de las pescas –que no paraban– y la depredación que se estaba haciendo, con asesoría de la gente del INALI iniciamos una acción de la ley 10.000 en la provincia de Santa Fe. Es una acción similar a un amparo”, detalla.

“Todas las provincias habían dictado medidas restrictivas de la pesca a excepción de Santa Fe y Entre Ríos. La presentamos en mayo y recién la logramos en diciembre, cuando finalmente el juez dicta la veda de pesca deportiva y comercial, a excepción de la pesca de subsistencia, ante la pasividad absoluta de la provincia –se le dieron varias oportunidades durante el juicio y no dispuso ninguna acción”, enfatiza Araguas.

En Santa Fe existe un Consejo Provincial Pesquero, sin embargo, nunca se había convocado en el contexto de la bajante. Romina asegura que “muchas organizaciones ambientales y de pesca deportiva lo habíamos estado solicitando. El juez ve esta serie de irregularidades y convoca al Consejo”.

“Lo que logramos fue poner en agenda el tema, molestar a la provincia para que tome algún tipo de medida. Fue desesperante la desidia. Pero también tuvimos como contrapartida la reacción de los pescadores”, sintetiza.

En Entre Ríos, la acción de amparo fue presentada por la Federación Entrerriana de Clubes de Pesca. Gabriel Ducasse cuenta que a partir del amparo salió la resolución, dictada por la jueza Fabiola Bogado Ibarra, de prohibir la pesca dos días de la semana, martes y viernes, además de los fines de semana. Gabriel lamenta que Entre Ríos es “la única provincia que no tiene una mesa de trabajo, un Consejo Provincial Pesquero, que aunque no sea vinculante al menos tenga todas las voces de los actores”.

Asimismo, ambos coinciden en que no hay controles serios de las medidas restrictivas en ninguna de las dos provincias. También aparece la necesidad de que el tema sea discutido al nivel de la cuenca del Plata en general. “El problema es mucho más grande, porque tiene que ver con el cupo de exportación. En esta situación de bajante no se puede mantener”, sintetiza Romina. En este sentido, también hicieron una presentación a Nación sobre este tema junto a la Asociación de Pescadores Deportivos del Litoral.

“Lo que estamos proponiendo, o pensando, es ir directamente sobre el recurso más desgastado que es el sábalo –comenta Gabriel Ducasse–. Sería el recurso que a menos pescadores afectaría, porque si tenemos a 5 mil pescadores en la provincia, serán mil y algo los que pescan para frigoríficos, el resto son pescadores de subsistencia”.

Y a continuación profundiza sobre la situación de este sector: “Lo que dice Romina del cupo es real. Acá la jueza pidió que lleven el cupo de extracción a la mitad y ellos [nota de edición: el Estado provincial] hicieron una ecuación con las guías de removido y acopio que justo coincidió con el cupo de exportación. Es muy gracioso. Todo lo que se le quitó es a los pescadores de subsistencia y a los frigoríficos no se les sacó ni un kilo”.

Cabe destacar que los muestreos de campo realizados durante el año 2021 por el equipo de investigación del laboratorio de Hidroecología (INALI-CONICET), resaltan la ausencia de juveniles de sábalo y amarillo, y un número muy reducido de ejemplares adultos en general para las cuatro especies comerciales.

Equipo del laboratorio de Hidroecología del Instituto Nacional de Limnología (CONICET – UNL). Campaña agosto 2021, Santa Fe.

La presión de los frigoríficos

En Diamante, unos pocos kilómetros hacia el sur, la postal del río es otra. Sobre todo porque, desde hace veinte años, está emplazada la empresa Lyon City SA, un frigorífico de pescado. Este escenario ha cambiado la dinámica de trabajo para muchos pescadores, que ya no son cuentapropistas de su pesca sino que la venden a la empresa. Por su parte, en la ciudad de Victoria están emplazados Curimba SA, Pesquera Victoria SA y Epuyen SA, el frigorífico más grande de la zona.

En mayo de 2021 los pescadores de Diamante protestaron frente a Lyon City SA, con un corte en la ruta 11, en reclamo de un aumento del precio del sábalo. “El pescador está cobrando entre 30 y 32 pesos el kilo de sábalo y el frigorífico está vendiendo el kilo en 2 dólares; es decir unos 250 pesos de mínima”, declaró el pescador Ricardo “Chulo” Ortega en Radio Costa Paraná. Además, sostuvo que diariamente pueden pescar 100 kilos “como mucho” a lo que se descuenta “el gasto por combustible, que está cerca de 100 pesos el litro”, o las mallas que cuestan, según su testimonio, alrededor de $36.000. El dato clave es que el sábalo es el pez que más desgastado está y el que más se exporta.

“Estuve en Diamante viendo lo que traían y todo el pescado es excesivamente chico. Tiene 35/36 centímetros, dicho por los pescadores incluso”, sostuvo Gabriel Ducasse. La medida establecida por la ley de pesca es de 42 centímetros como mínimo.

Ante las diversas acusaciones en torno a inclumplimientos de la veda y del tamaño de ejemplares, la Cámara Argentina de Frigoríficos de Pescados de Ríos Sustentables publicó en julio un comunicado donde expresaron: “Dada la lamentable bajante histórica que vive nuestro Río Paraná, advertimos que a través de dicha circunstancia algunos sectores que desconocen la realidad cotidiana de esta actividad, pretenden presentar a la industria sobre la base de un escenario anómico y anárquico, con una minoría de ‘ganadores’ y mayoritarios ‘perdedores’, situación fáctica inexistente y que podría proyectarse sobre cualquier actividad comercial para vedarla, evitando el camino del ‘desarrollo sostenible’”.

Más adelante, detallan que la actividad está estrictamente regulada, desde “el precio del pescado, la cantidad que puede capturarse, dónde puede hacérselo, el tamaño o medida de la presa, los días en que puede hacerse, las especies y el modo de pescarlas”. Añaden luego: “Al respecto el sistema funciona con un “cupo de exportación” que indica la especie y cantidad de pescado, en toneladas, pasible de exportación. Dicha determinación fija precisamente un límite natural e infranqueable a la pesca, resultando imposible comercializar más allá de lo estipulado en función de lo que aconsejan estudios científicos emanados de organismos oficiales”.

Por el contrario, “la reducción del cupo de exportación no influye en la extracción –aduce Gabriel Ducasse–. Pueden estar acopiando. A fin de año se les habilita un poco más de cupo porque dicen que tienen pescado que se les puede pudrir y visto desde el punto de vista de la comida, es lógico. A todo esto no sabemos si realmente exportan lo que dicen y no sabemos si lo que va adentro es sábalo. Siempre hablamos lo mismo, que la trazabilidad del producto de exportación no existe”.

En septiembre se publicó en el Boletín Oficial la Resolución 100/2021 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Ganadería de la Nación, con un nuevo cupo de exportación que modificó el Decreto 230/2021. Se fijó hasta diciembre de 2021 la comercialización en el exterior de 6.378 toneladas de sábalo y 0 toneladas para surubíes, tarariras, bogas, manguruyúes, dorados, patíes, armados, manduvíes y bagres de río, las llamadas especies de línea.

En Entre Ríos, la Dirección de Recursos Naturales de la provincia publicó en octubre la Resolución Nº 2.482 donde se establece un cupo provincial trimestral de 642,9 toneladas para exportación –fijado por el órgano federal que compone el Comisión de Pesca Continental– y la habilitación de 457,1 toneladas para el mercado interno. En resumen, se bajó a 1.100 toneladas el cupo que durante el trimestre anterior había sido de 1.596,56 toneladas. Por su parte, se prorrogó la prohibición de pesca comercial y acopio del pescado en aguas de jurisdicción provincial los martes, viernes desde las cero hora hasta el domingo a las 24 horas, feriados nacionales y provinciales.

En cuanto a la gestión del recurso pesquero, el informe de INALI-CONICET señala: “Se considera que esta bajante extraordinaria puso de manifiesto la falta de un manejo integral a nivel de cuenca, sobre todo dado la disparidad existente entre marcos normativos provinciales. Una coordinación efectiva para establecer los mismos criterios pesqueros entre al menos las provincias de Entre Ríos y Santa Fe es de urgente necesidad (siendo que estas son las principales exportadoras de peces de agua dulce)”.

En este sentido, destacan que las reglamentaciones sobre períodos y tipos de veda de las especies comerciales, así como tallas de captura mínima legal, difieren entre las provincias, lo que resulta desacertado porque se trata de especies migratorias que “se desplazan por todo el corredor, sin entender y anoticiarse de donde sí o no están protegidas”.

El informe también resalta la necesidad de realizar monitoreos continuos en el tiempo, tanto por parte de las provincias como de la Nación “que permitan arrojar datos certeros y actualizados sobre el estado poblacional de las especies” así como del “correcto funcionamiento de los puertos de fiscalización”. Esto permitiría “contar con un mayor control de los volúmenes extraídos, generando estadísticas y datos actualizados y confiables”, para lograr “análisis holísticos que brinden respuestas más consistentes a la gestión del recurso”. Además, “se considera que, a estos datos de extracción es necesario sumarles datos actualizados y sistematizados de consumo interno y exportación” para generar “una visión más completa del sector”.

Especies acompañantes

La Resolución 100/2021 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Ganadería de la Nación fijó los cupos de exportación recién a partir de septiembre de 2021. En el primer semestre, ¿cuáles fueron, entonces, los índices establecidos?

Adolfo Espíndola, integrante de la Asociación de Pescadores Deportivos del Litoral – Santa Fe, señala que desde la organización solicitaron información al gobierno de Santa Fe sobre este tema. Particularmente, porque a partir de un informe del SENASA sobre las especies exportadas en el primer semestre, llamaban la atención los volúmenes de especies acompañantes del sábalo –es decir, tarariras, bogas y patíes– y los de especies no reguladas como carpas y pejerrey.

En una reunión del Consejo Provincial Pesquero, “manifestaron que de acuerdo a lo averiguado en Buenos Aires, las especies que se exportaron en el primer semestre del 2021 eran cupos que estaban autorizados del año anterior, remesas que habían quedado: unas 300 toneladas de tarariras, bogas y patíes, además de los volúmenes de carpas y pejerrey, que en total sumaron unas 5.500 toneladas”, destaca.

Espíndola continúa: “Si bien la carpa como el pejerrey no tienen cupo, porque carecen de un nomeclador común del mercosur, sí lo están las demás especies y aquí están las inconsistencias, por no decir la mentira. En el año 2020 el SENASA autorizó a través de las Órdenes de Asignaciones de Cupos, en el caso del bagre de río, la exportación de 68 toneladas, pero en el primer semestre del 2021 se exportaron 279,80 toneladas. ¿De qué saldo exportable nos hablan? En el caso del patí, el SENASA autorizó en el año 2020, 119,50 toneladas, pero en el 2021, se exportaron 150,90 toneladas. El interrogante es el mismo”.

Gabriel Ducasse comenta al respecto que los volúmenes de carpa y pejerrey son particularmente llamativos porque, además de novedosos, resultan una zona gris: son especies que no están habilitadas pero tampoco prohibidas. «Hablando con científicos que conocen la pesquería, pensamos que es una posibilidad que eso sea sábalo porque, como no están reglamentados, pueden argumentar que la carpa es invasora… entonces, qué problema tenés», resume off the record.

Por su parte, la Fundación CAUCE: Cultura Ambiental – Causa Ecologista presentó en agosto una solicitud de información al Director de Recursos Naturales del Ministerio de Producción de la Provincia de Entre Ríos, Ing. Agr. Mariano Farall, sobre temas que atañen a la bajante. Entre los 14 puntos las consultas sobre la existencia de entrecruzamientos de información entre las guías de pesca y los organismos a cargo del contralor de la exportación del pescado, por un lado. Por otro lado, el stock con el que cuentan hoy en día las empresas habilitadas para acopiar.

El Dr. Luciano Emanuel Campos, asesor legal de la Dirección de Recursos Naturales firmó la respuesta a la SAIPA determinando que, en cuanto al primer punto, la Dirección General de Fiscalización informa que “no existe entrecruzamiento de información respecto del control de exportación de pescado, solamente se cuenta con los datos referidos a cada una de las empresas respecto de los cupos asignados. No obstante, se está trabajando en conjunto con SENASA y otros organismos a los fines de elaborar un sistema de registro de datos que permita el debido cotejo de información a los fines de realizar controles más eficientes”.

En segundo lugar, respecto al stock, la Dirección General de Fiscalización informa que “en el caso de los acopiadores, el mismo [N. de Edición: el stock] estaría dado por el límite de la licencia habilitante, el cual se calcula sobre el máximo nivel mensual. Respecto a otra información particular de cada una de las empresas y en el marco de Ley Nacional 25.831 y el Decreto 1169/05 GOB, la misma reviste el carácter de información reservada a la actividad comercial y resulta ajena al objeto ambiental planteado, excediendo la competencia de esta dependencia”.

“La trazabilidad del producto de exportación no existe”, había dicho antes Gabriel Ducasse.

Un río que no alcanza a cubrir sus orillas

Por allá se ven: el hermano de Daniel Vargas, Domingo; su sobrino, Cayetano; los dos apostados sobre la orilla de la isla del lado de Santa Fe. Ya son cerca de las 4 de la tarde. Uno limpia su canoa, La Catrina; el otro va a darle una última recorrida al espinel.

–Cuidado el pie que se te viene abajo la isla. Saltá –dice Cosita Romero antes de que desembarquemos. La bajante se come la costa, va socavándola. Un árbol gigante echa sus raíces desnudas hacia el agua, parece que tuviera las manos de un titiritero, viejo, muy flaco. O de un pescador.

–Le puse La Catrina porque mi viejo escucha canciones mexicanas desde siempre. Son unas canciones un poco románticas. Con el tiempo me empezaron a gustar –dice Luis sobre su canoa de interior rojo, líneas blancas y verdes en el exterior y el nombre de la muerte mexicana escrito en amarillo. Él la pintó y el filitero de Puerto Viejo le dio el toque final. La Catrina.