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Dictamen favorable en Diputados para el proyecto de Ley de Etiquetado Frontal

Después de nueve meses de ser aprobado por el Senado, el proyecto de Ley de Etiquetado obtuvo dictamen favorable en plenario de comisiones de Diputados y podrá ser votado en el recinto.

El proyecto de Ley de Promoción de la Alimentación Saludable, conocido como de Ley de Etiquetado Frontal, recibió dictamen favorable ayer, martes de 13 de julio, en plenario de comisiones de Diputados. La iniciativa busca garantizar información clara, oportuna y veraz a les consumidores sobre los productos alimenticios, regular la publicidad engañosa hacia las infancias y promover entornos escolares saludables.

Activistas y organizaciones de consumidores y otras vinculadas a la nutrición y la soberanía alimentaria reclaman a les diputades que voten sin cambios el proyecto que recibió media sanción en el Senado en octubre de 2020. Algunas de ellas son la Fundación InterAmericana del Corazón (FIC) Argentina, la Federación Argentina de Graduados en Nutrición (FAGRAN), Consumidores Argentinos, Fundeps y Sanar, que impulsan la campaña “Que no te tapen los ojos”.

El proyecto de ley de etiquetado frontal de alimentos propone para Argentina el modelo de advertencias nutricionales que utiliza octógonos negros con borde y letras de color blanco en mayúsculas, en un tamaño que no puede ser inferior al 5% de la superficie de la cara principal del envase, para señalar de manera clara aquellos productos que contienen cantidades excesivas de nutrientes críticos como azúcar, grasas saturadas o sodio. La obligación de etiquetar los alimentos alcanza a toda la cadena, desde la fabricación hasta la comercialización e importación, de alimentos y bebidas analcohólicas.

Como contexto para la norma que se busca aprobar vale la última Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (2019) que afirma que menos del 15% de la población comprende la información nutricional de los envases. En los productos a la venta hay cada vez mayor presencia de azúcares y ultraprocesados, con elementos como el jarabe de maíz de alta fructuosa (JMAF) en alimentos insospechados (búsquelo y verá). En los sectores más vulnerados, donde conviven pobreza y dificultad de acceso a los alimentos, hay exceso de peso y desnutrición oculta.

Enfermedades no transmisibles como la hipertensión, la hiperglucemia en ayunas (el nivel de glucosa en plasma en ayunas) el sobrepeso o la obesidad, los tres factores de riesgo más asociados con la mortalidad en las Américas, tienen todo que ver con la mala alimentación, con exceso de azúcares, grasas totales, grasas saturadas, grasas trans y sodio, presentes en grandes cantidades en los productos alimentarios procesados y ultraprocesados. A su vez, en esta pandemia, las enfermedades no transmisibles son los principales factores de riesgo.

A las vueltas

En el Senado el proyecto recibió 64 votos a favor y solo tres en contra, de las tucumanas Silvia Elías de Pérez (UCR), Beatriz Mirkin (Frente de Todos) y Clara Vega (Interbloque Federal), quienes advirtieron que de convertirse en ley perjudicaría al sector azucarero que su provincia lidera. La aprobación fue empujada en el Senado por Anabel Fernández Sagasti, vicejefa del bloque oficialista y mano derecha de Cristina Fernández de Kirchner, que esta vez actuó en tándem con el radical Julio Cobos. Ambos son de Mendoza, que podría beneficiarse si las azúcares industriales son reemplazadas por variantes producidas con mosto, el desecho de la uva.

En la misma sesión que se aprobó el etiquetado, se hizo lo propio con la prórroga de los beneficios a los biocombustibles hasta 2024, para garantizar su producción de bioetanol a base de azúcar. Fue avalada por unanimidad.

Apenas pasó a Diputados, Sergio Massa viajó a Tucumán para calmar los ánimos. El proyecto fue debatido en una reunión conjunta de comisiones encabezada por Cecilia Moreau (Frente de Todos), la titular de Legislación General; junto a sus pares de Acción Social y Salud Pública, Pablo Yedlin (Frente de Todos, por Tucumán); de Defensa del Consumidor, Diego Mestre (Juntos por el Cambio); y de Industria, Alejandro Garcia (JxC).

En su momento se anunció que el proyecto iba a tratarse en sesiones extraordinarias, pero en noviembre Cancillería logró que se congele en Diputados, argumentando que la iniciativa complicaría la normativa del Mercosur y Argentina ejerce la presidencia pro tempore hasta julio. En paralelo al tratamiento del proyecto y en función del pedido de Cancillería de que se cajonee la iniciativa aprobada en el Senado, la Comisión Nacional de Alimentos (CONAL) comenzó a analizar presentar otra propuesta para el etiquetado frontal de los alimentos procesados a través de una resolución de los ministerios nacionales de Salud, de Agricultura, Ganadería y Pesca y de Desarrollo Productivo, con la participación de organismos como ANMAT, SENASA y la secretaria de Comercio Interior.

Con la resolución, se apuntaba a desechar dos capítulos del proyecto aprobado en el Senado: la regulación de la publicidad oficial de alimentos ultraprocesados y el que se refiere a que los productos con sello no podrán ser vendidos en escuelas ni ser publicitados mediante premios, sorteos, personajes de ficción o personas famosas. Esos son dos de los principales motivos por los que se reclama que el proyecto sea votado sin cambios, para que permanezca ese punto a favor de la protección de los derechos de las infancias, que evidenciaría la calidad nutricional de muchos de los alimentos que se incluyen en estrategias de posicionamiento de las marcas, ahora reforzadas en la pandemia.

Finalmente, después de las reuniones informativas que terminaron en abril, el martes 13 de julio, el proyecto original finalmente obtuvo dictamen favorable en un plenario de las comisiones de Legislación General, de Acción Social y Salud Pública, Industria y Defensa del Consumidor, del Usuario y de la Competencia y de Industria.

Consumo con información

Una de las organizaciones que expuso a favor de la iniciativa es Consciente Colectivo. Mercedes Márquez, una de sus militantes, cuenta que están esperando poder celebrar la ley, y explica que hay votos a favor y en contra de todos los partidos, porque depende de los conflictos de interés y recorridos previos, y afirma:

–A les diputades tenemos para decirles que no hay ninguna razón que beneficie a la población por la cual estar en contra de este proyecto. Si alguien se considera en contra, es porque tiene conflictos de interés con alguna industria o piensa que está defendiendo a les trabajadores de una economía regional. Eso es un mito, porque tenemos la evidencia del caso de Chile y otros países, en donde no hubo pérdidas de trabajo ni económicas por la sanción de esta proyecto. Incluso, en Chile, muchas empresas reformularon sus productos y ahora no tienen la necesidad de rotularlos. Eso también es importante, que el proyecto motiva a los productores a pensar en maneras para hacer sus productos más saludables. Le pedimos entonces a les diputades que avancen, que conversen con sus compañeros del Senado que votaron casi unánimemente a favor, y sobre todo que recuerden que están en sus bancas representando a casi 50 millones de argentinas y argentinos, no a industrias nacionales ni internacionales.

“Hoy en día, la mayoría de las personas que queremos entender una tabla de nutrientes no lo logramos, porque está en palabras técnicas que dificultan la comprensión para saber si un producto es saludable o no. Además, la mayoría tiene leyendas, como que es sano o no hace daño, y no es así y no hay ninguna regulación. La alimentación es un pilar fundamental de nuestra salud y por eso es tan importante esta ley”, concluye Márquez. Consciente Colectivo comenzó a llevar cuenta de los votos positivos y negativos, con un poroteo participativo disponible acá.

Florencia Jacobi, nutricionista santafesina especializada en embarazo, lactancia y alimentación complementaria, afirma que el proyecto favorece a las y los consumidores, otorgándole claridad y autonomía a la hora de decidir qué y cuánto consumir. “Como país, somos líderes de consumo de bebidas azucaradas. El 13,6% de la población menor de 5 años y el 41,1% de la población de entre 5 y 17 años presenta sobrepeso u obesidad, y el 60% de la población adulta tiene exceso de peso. La obesidad es muchas veces el inicio de otras enfermedades crónicas no transmisibles y no infecciosas que progresan lentamente durante largos periodos de tiempo, como la diabetes, la hipertensión, problemas cardiovasculares, enfermedades renales y digestivas, y tumores. Todas esas patologías son prevenibles y se busca poner el foco en los primeros mil días y en la niñez, porque las políticas públicas deben estar orientadas a prevenir y por sobre todas las cosas a frenar esta epidemia”, define.

La profesional desarma algunos de los argumentos que atacan al proyecto. “Se cree, a raíz de lo que la industria pronuncia, que el sello de advertencia estará presente en todos los alimentos, incluidos arroz, fideos, legumbres, aceites, miel y que todos los paquetes que encontremos en las góndolas tendrán el octógono negro indicando la presencia excesiva de algún nutriente crítico. La realidad es que el sello se colocará en los ultraprocesados y sólo en aquellos donde esas concentraciones superen lo establecido. Alrededor del 10% de los productos llevarán el etiquetado frontal de advertencia. El resto de los paquetes son alimentos mínimamente procesados o ingredientes culinarios y por lo tanto no llevarán sello”, explica.

Muchos de esos productos que sí llevarían sello están dirigidos a bebés. Jacobi resalta el peligro de ese azúcar oculta: “las papillas o cereales para preparar papillas, los yogures con los que el niño/a sería ‘alto, sano y fuerte’, tienen altas concentraciones de azúcares, y llevarían el sello negro. Como consumidores no nos imaginamos nunca la cantidad que tienen, y los elegimos porque creemos que es lo mejor. Y si no recomendamos azúcar en bebés, ¿por qué recomendaríamos los productos que tienen azúcar o endulzantes?”. Tal como señala Jacobi, “el marketing de los ultraprocesados está dirigido principalmente a los niños y niñas, quienes están expuestos a más de 60 publicidades semanales de diferentes productos de bajo valor nutricional: en los medios de comunicación, y dentro de los establecimientos educativos y recreativos. Donde hay un kiosco, hay un afiche de alguno de estos productos”.

Parte de esta nota fue publicada originalmente en Periódico Pausa.