Seguimos en pandemia, seguimos abortando

Seguimos en pandemia, seguimos abortando. Y ahora que es ley: si te lo niegan, es un delito. Hablamos con Natalia Garay, socorrista de Dora te escucha, de Paraná.

Ilustraciones de @mulata.dcv para Socorristas en Red


“Nunca me imaginé que dos semanas y días podían ser como meses, como años. Cada minuto una eternidad. Una angustia que no paraba de crecer. Estábamos en cuarentena: sin poder salir, encerradxs, en ese domingo eterno plagado de incertidumbre, cuidando hijxs 24 horas, teletrabajando. Nada de eso podía hacer bien. Y a cada minuto pensaba. La cabeza no paraba ni un segundo”. F. tiene 32 años y, en Argentina, se viven los primeros 100 días de aislamiento social, preventivo y obligatorio. Escribe desde San Juan. Escribe su relato, junto a otras tantas mujeres y personas gestantes que decidieron abortar en pandemia. Socorristas en Red estuvo del otro lado del teléfono para acompañarles. 

Tal vez hay quienes aún no habían participado de las marchas, de la marea. Tal vez no habían visto las pelucas rosas, ni sabían de ese movimiento revolucionario que empezó en los 60, en Chicago con el nombre de Call Jane, en Italia como Socorro Rosa. En Argentina, empezó a armarse en 2010, con la experiencia pionera de La Revuelta, en Neuquén; la que después pariría a toda la red.

“Espero, amiga, hermana, compañera, que no te pase nunca. Pero si algún día te pasa, espero que ese día sea legal, seguro y gratuito. (Quizá ese día, yo vuelva a leer este texto, e incluso me anime a firmarlo con nombre y apellido)”, cierra F. y todavía no sabe que el 30 de diciembre de 2020 la Ley 27.610 de Interrupción Voluntaria del Embarazo será una realidad.

Estamos cerca se llama la publicación digital que Socorristas hizo tras la campaña “Abortaste en cuarentena. Contanos tu experiencia”, con la idea de que “esas palabras sirvan a otras personas con capacidad de abortar para llevarles alivio”, porque “estuvimos, estamos y estaremos cerca”. 

Natalia, de 27 años, contó su experiencia acompañada de Las Nanas Socorristas, de Santa Fe. Sol, de 22 años, escribió un poema “con el dolor / que solo la fuerza de la decisión puede resistir”. Cuando tomó la decisión, llamó a “Dora te escucha”, en Paraná. Tal vez, por su edad, tampoco sabía que esa Dora del nombre es un homenaje a Dora Coledesky, una pionera de la lucha por el aborto en Argentina.

Abortar en cuarentena

En el 2020, las Socorristas acompañaron a 17.534 mujeres y personas con capacidad de gestar en todo el país. Conversaron con elles sobre los usos seguros de la medicación para abortar y, en muchos casos, articularon con profesionales insistiendo en que el sistema de salud garantice los abortos. Se trata del año que más solicitudes de acompañamiento hubo desde la existencia de la red.

Los datos recopilados en la Sistematización de acompañamientos a abortar realizados en el año 2020 por Socorristas en Red (feministas que abortamos) durante el primer año de pandemia por COVID 19, recientemente publicado, coinciden con la evidencia científica publicada por la Organización Mundial de la Salud, que señala que abortar con medicamentos, siguiendo los protocolos de uso adecuados, es un método altamente eficiente: en el 96,7% de los acompañamientos la medicación tuvo el efecto esperado y quienes deseaban abortar lo hicieron de manera acompañada, segura y sin poner en riesgo su salud.

Por tratarse de un escenario pandémico, de crisis sanitaria y también económica, es interesante reparar en los datos que muestra la Sistematización sobre las condiciones laborales de las personas acompañadas: el 44,3% NO tenía trabajo remunerado.

Únicamente el 26,2% de las mujeres tenía trabajo remunerado registrado, formal y con derechos laborales como jubilación, aguinaldo, licencias y vacaciones pagas, entre otros. En el caso de aquellas que tenían algún tipo de trabajo remunerado, 5.421 mujeres, es decir el 55,5%, cobraba hasta 16.000 pesos mensuales. Eso significa que sus salarios estaban por debajo de la línea de pobreza que, en diciembre de 2020, fue de 17.542,89 pesos según un informe del INDEC. 

A pesar de la situación adversa y del aislamiento, las Socorristas “no solo logramos mantener el nivel de acompañamientos de años anteriores, sino que además los incrementamos. Esto fue posible por la experiencia acumulada de escuchas y de generación de saberes”, apuntan en el documento publicado. 

En paralelo, la virtualidad fue un desafío para seguir sosteniendo en agenda la demanda por la legalización. Rondas de lectura, numerosos tuitazos y la campaña “En un mundo justo las niñas no son madres”, son algunos de los ejemplos de acciones concretadas durante el 2020. A partir de noviembre, la marea volvió a las calles para exigir al gobierno nacional que cumpla con su promesa electoral. “Nuestro activismo ha sido y es parte activa de ese gran movimiento que posibilitó la Marea Verde y que conquistó el aborto legal en un año pandémico”, sostiene Socorristas en Red. 

Sin embargo, la sanción de la ley no agota su activismo ni sus insistencias. “Es importante cuidar la ley, hacerla conocer, que se garanticen las interrupciones voluntarias de embarazos hasta la semana catorce de gestación inclusive y que a partir de la semana quince de gestación se respeten las causales vigentes desde 1921”, resaltan desde la red, al tiempo que acaban de lanzar una campaña informativa para que la ley se conozca y se respete en todos lados. En su web se repasan todas las preguntas y respuestas que surgen.

El socorrismo es mi vida

“Digo que el socorrismo es mi vida porque es un estilo de vida. No hay feriados, no hay año nuevo, no hay cumpleaños, no hay día común, no hay pandemia en que las personas no aborten”, explica Natalia Garay, una de las socorristas de Dora te escucha, el enlace paranaense de Socorristas en Red. “Te vayas de vacaciones, o a una fiesta, te llevás el socorrismo con vos porque las personas abortan igual”. 

Las personas abortan en pandemia, en aislamiento y, ahora que es ley, el socorrismo sigue siendo fundamental. Pero antes de llegar ahí, Nati cuenta cómo se convirtió en socorrista.

“A mí me pasó que yo también quedé embarazada. Tenía 17 años y no deseaba quedar embarazada. Quedé, no tuve la información. Mi tío era un médico ginecólogo y me iba a hacer la intervención quirúrgica. Sólo tenía que llegar el día y yo, sinceramente, no me animé”. 

A partir de la experiencia de una maternidad no elegida, empezó a desandar un camino. “Estuve del otro lado, yo también pensé que el aborto era algo que no se debía hacer. Venía muy empapada en lo cultural, que si te quedás embarazada lo tenés que tener”. Pero “materné a una niña que no deseaba y es muy difícil vivir la vida de esa manera. No quiere decir que no ame a esa hija sino que mi deseo era otro, no ese. Tuve que postergar todo, crecer siendo una niña con otra niña. Fue muy difícil y lamento muchísimo que haya pasado de esta manera. Lamento muchísimo no haber tenido la información en su momento ni la fuerza para animarme a abortar”. 

Muchos años después, Natalia volvió a quedar embarazada. Recién ahí dice “fui madre”. “Un año antes de quedarme embarazada los dos planeamos mucho su cuarto, su pediatra. Nos limpiamos, tomamos vitaminas. Fue muy consciente, muy amoroso. Quiero decir con esto que después lo deseé mucho y fue una decisión muy diferente. Cuando te mueve el deseo, un embarazo es un empuje en la vida”.

Pasaron otros años más hasta que empezó a ir a las marchas y a ver otras realidades: “Ahí entendí que abortar era una decisión que era propia”. Veía a las socorristas y admiraba lo que hacían. Entonces, “un día caí en la grupa para conocerlas, para ver de qué se trataba. Me acuerdo que ese primer día estaban haciendo carga de protocolos”.

Ahí se detiene. Justamente, militar en esta red, es un compromiso doble: además del acompañamiento, las Socorristas hacen un seguimiento detallado de las personas. La información recolectada y sistematizada, además de continuar acrecentando el conocimiento disponible, les ha permitido año a año seguir ampliando los argumentos acerca de la legitimidad del aborto.

Natalia llegó y se puso a cargar protocolos. Era 2018. “Desde ese día, no me fui nunca más”. “Actualmente somos cuatro compañeras socorristas en Paraná: Mari, Luz, Paula y yo. Y somos 54 colectivas en todo el país que integramos Socorristas en Red. Coincidimos en que es una construcción de acompañamientos cuidados, amorosos, seguros y afectados. Tenemos un lema que es: Estamos juntas. Nos tenemos entre nosotras. Eso define un posicionamiento, un activismo que es solidario y voluntario. Nosotras tenemos por fin garantizar esos derechos y cuidar que sea seguro, cuidar la vida de las personas que se acercan a nosotras”. En este momento, además, están en proceso de formación de compañeras que se acercaron para ser parte de Dora te escucha. 

Abortar cuando es ley

“El socorrismo no termina acá. Larga vida al socorrismo”, dice Natalia ante la pregunta por el rol de las Doras ahora que es ley. 

“Ahora es ley pero hay que garantizar que se cumpla. Hay que acompañar, educar, hacer entender que es una ley y que tenemos que garantizar que en todos los espacios de salud se esté cumpliendo. Y que pueda llegar a todos los lugares, no solamente en las ciudades. Es un derecho que hay que garantizar. Sigue siendo difícil que se pueda vivir libremente. Que vos quieras abortar y puedas llegar a cualquier centro de salud, y lo hagan cumplir. Todavía te siguen mostrando la imagen, te siguen haciendo escuchar el sonido de los latidos, salís del hospital y te están pidiendo el celular para picarte la cabeza”, relata. 

Las socorristas acompañan todos los casos, incluso los que se llevan adelante no ambulatoriamente. “Primero prestamos el oído, a eso le llamamos alojo. Asesoramos y más que nada escuchamos. Las personas que llaman están muy ansiosas y quieren resolver esto ayer. Damos el primer acercamiento a la información y calmamos las ansiedades. Después pactamos un encuentro, que es un taller. En este contexto de pandemia es más cuidado y muchas veces fue a distancia. Ahí es donde damos la información del procedimiento y articulamos con el sistema de salud, con el compromiso de que la persona tenga un acompañamiento seguro. Que después pueda acceder a un control con una ecografía y a un método anticonceptivo que le garantice una sexualidad plena, en condiciones de goce. Ahí termina nuestro acompañamiento”, sintetiza.

Ese trabajo es absolutamente voluntario: “Somos una organización sin fines de lucro y la crisis, que no es solamente sanitaria sino también económica, nos atraviesa fuerte. A veces recibimos aportes de gente que colabora y esto ayuda a que podamos tener dinero para la carga de la línea telefónica, porque sino el gasto sale también de nuestro bolsillo”.

Natalia dice que lo que más se acuerda del día de la sanción es de un pañuelo gigante verde, todas bailando alrededor y el pañuelo volando, uniéndolas. “No importaba quién era quién, éramos todas una”. 

Fue un día de mucha ansiedad y de euforia. Algo que –sabían– estaba empujado por la historia. Lo estaban esperando hacía tanto, sin embargo, ya había algunas conquistas brillando entre los ojos. Eso que decían las feministas de Chicago sobre la experiencia de Jane: “Aprendimos que la gente común puede hacer que sucedan cosas; que individuos trabajando juntos pueden lograr una diferencia. Aprendimos que nadie tiene que esperar a obtener permiso para actuar (…)”.

“Antes de llegar a la ley, garantizar la ILE en el hospital, fue una conquista que logramos desde este activismo. Eso es re importante. La medicación es también esencial para el aborto seguro y que el Estado argentino haya considerado avalarlo desde el protocolo, es una gran conquista. Al igual que la producción de la medicación desde laboratorios, desde el 2018. Todo eso nos llena tremendamente de orgullo tanto como que hayamos llegado a la ley”, resume Natalia.