Cannabis medicinal o restricciones falopas, esa es la discusión

La legislatura santafesina dio media sanción al autocultivo de cannabis para fines terapéuticos. Agustina Donnet, impulsora del proyecto, llevó al recinto una planta de marihuana que rápidamente se viralizó en los medios, dando lugar a debates interesantes y de los otros. Detalles de una jornada festejada por las madres que usan el aceite para las dolencias de sus hijes, y que volvió a plantear la necesidad de revisar los discursos que moldean las políticas sanitarias y de drogas. Por Gustavo Schnidrig.


“Voy a empezar mostrando algo”, dijo la diputada Agustina Donnet (Igualdad) al tomar la palabra, y puso sobre su banca una maceta con un retoño de no más de 10 centímetros. “Esto es una planta de marihuana”, explicó a sus colegas, la mirada convencida, el tono de voz reafirmado por la leyenda Ni Una Menos de su barbijo violeta. Con este preámbulo, la legisladora inició un discurso de 17 minutos en el que justificó la importancia de que Santa Fe sea pionera en reglamentar la despenalización del autocultivo de cannabis para fines terapéuticos. “El Estado tiene que dar respuestas a las madres que se exponen a los peligros del paradigma punitivista”, resumió.

Aunque la oratoria cumplió con las expectativas, los flashes inmediatos fueron para la plantita. Pocos pudieron resistirse a su influencia. Ni siquiera fue ajeno el exgobernador y actual presidente de la Cámara Baja, Miguel Lifschitz (PS-FPCyS), quien abandonó el recinto por estar en contra de su presencia en la sala. Por detrás salió Maximiliano Pullaro (UCR-FPCyS), “violentado” por el descaro exhibicionista ante la investidura institucional.

El sector más conservador también se sintió tocado, pero decidió quedarse a dar el debate. Amalia Granata (Somos Vida), en un aire de esto es simple como sumar 2+2, manifestó su rechazo al autocultivo por entender que todo derivaría “en el consumo problemático” y en “agudizar el drama de las adicciones”. Más visceral, Walter Ghione (Somos Vida y Familia) usó su Twitter para declararse víctima de una “provocación”, y luego, más calmo, charló con periodistas del palo para decir lo suyo: “estamos en contra de todo debate ideológico”.

En fin: el revuelo generado por la plantita fue tal que rápidamente llegó a la prensa. La cosa ahí se puso linda, especialmente para los medios masivos que marcaron el tono del debate. Mientras algunos reflejaron el espíritu de la ley y su importancia en materia sanitaria, otros se esforzaron por debatir con tono de alarma sobre la legalidad de llevar marihuana a un recinto legislativo.

Así fue como la plantita tuvo su momento de fama. Un centro-de-escena capitalizado por los espacios políticos que vienen militando los derechos cannábicos desde hace años y también por figuras políticas que aprovecharon el runrún de la primera plana para mostrar un poco la cara.

Para las madres y las organizaciones cannábicas fue una jornada histórica. El tratamiento de la ley fue seguido con expectativa, en un clima de calor colectivo y distanciamiento social. Laura Acosta, presidenta de Mamás Cannabis Medicinal (Macame), desbordaba de expectativa: “Emociona el desempeño de las mujeres que nos representan, porque nos motiva a seguir avanzando”, decía en caliente mientras analizaba el fluir de los acontecimientos.

Por fin la legislatura provincial estaba generando un antecedente a favor de la lucha por la despenalización del cannabis.

Keyword: autocultivo

El proyecto con media sanción lleva la firma del bloque Igualdad (conformado por Agustina Donnet y por Rubén Giustiniani), y protege a quienes necesitan “sembrar, cultivar y guardar cannabis y sus derivados” para su uso medicinal. Propone la creación de una comisión reguladora, bajo la órbita del Ministerio de Salud provincial, que trabajaría en base a un programa estratégicamente elaborado en el que se incluiría la producción pública de cannabis.

Lo cosechado serviría tanto para ser recetado como para investigaciones científicas. También se crearía un registro confidencial de pacientes y profesionales de la salud, quienes recibirían un certificado para cultivar de acuerdo a las disposiciones previstas.

La redacción del proyecto incluyó información académica y voces autorizadas, retomando los testimonios de las organizaciones y poniendo especial énfasis en las inquietudes de las madres que utilizan el cannabis para cuidar a sus hijes. Para ellas es muy importante el autocultivo.

Veamos por qué.

El cannabis y sus derivados se usan en el tratamiento de una gran variedad de dolencias como la esclerosis múltiple, el cáncer, la fibromialgia o el glaucoma, y también se emplea para aliviar dolores, estrés postraumático, insomnio y bajones de ánimo. La formulación cannábica que se necesita en cada caso es diferente y varía con cada persona, por lo que requiere un seguimiento sumamente especializado.

Se plantea entonces que, lejos de ser la puerta de entrada a “drogas más duras”, el autocultivo es la herramienta ideal para que muchas familias accedan a un preparado eficaz.

Pero hoy abastecerse de cannabis es desenvolverse en la clandestinidad, sin información confiable y bajo amenaza policial. Quien cultiva se arriesga a una pena de entre 4 y 15 años, y en la provincia de Santa Fe ya hay dos procesos judiciales contra madres que exigen no ser perseguidas por cultivar.

Desarmar prejuicios y cambiar el enfoque

Laura es locutora, tiene 41 años y desde hace cuatro activa en Macame, una organización conformada por mujeres que encontraron en el cannabis una alternativa para tratar las enfermedades o padecimientos de sus hijes.

A casi todas el click cannábico les llegó al conocer las potencialidades del aceite. Pero, al comprobar las dificultades para obtenerlo, decidieron juntarse y visibilizar lo ilógico de su situación. Poco a poco fueron profundizando en el tema. Se dieron cuenta de que las trabas legales eran muchas, y que tras ellas suele haber una base político-ideológica específica garantizando su supervivencia.

Foto: Prensa Igualdad.

David Rojkin, vicepresidente de la Asociación Para Usuarios de Cannabis Medicinal (Apucam), cuenta:

—Hay que enfrentarse a una problemática mucho más compleja que la del mero acceso a una planta. Se trata de desarmar las posturas asociadas al prohibicionismo, al punitivismo y a la elección de ciertos criterios de política criminal.

La ley de autocultivo de cannabis sería entonces un valioso aporte para quienes exigen políticas de drogas acorde a las necesidades actuales y, muy importante, enfocadas desde la salud.

—Con la excusa de querer llegar a una “sociedad libre de consumo de drogas”, el paradigma prohibicionista/abstencionista elimina hoy toda posibilidad de consulta a quien consume: qué es lo que realmente busca o necesita, cómo percibe su consumo, y ni hablar de cómo puede establecer sus propias metas terapéuticas —, cuenta Guillermina Ferraris, integrante de Otras Miradas, un colectivo con perspectiva de derechos humanos que utiliza el paradigma de la reducción de riesgos para informar sobre drogas.

Visto así, los argumentos usados por Amalia Granata son anacrónicos por inscribirse en la postura de “guerra contra las drogas”, nacida hace más de 50 años en Estados Unidos con el objetivo de “combatir el narcotráfico”. Para quienes militan un enfoque sanitario, en cambio, decir “la marihuana es la puerta de entrada a otras drogas” es simplista y peligroso por muchos motivos, pero principalmente porque invisibiliza el papel del narcotráfico y, con ello, la posibilidad de enfrentarlo.

—La real puerta de entrada a las drogas es el llamado ‘efecto góndola’, es decir, cuando un dealer no puede satisfacer la demanda y ofrece una sustancia diferente a la que un usuario busca —aclara Ferraris, quien además de militante cannábica es comunicadora en Revista Mate.

Y añade: “Además de generar violencia y padecimiento en los sectores criminalizados, es un enfoque que genera un gasto público sumamente desproporcionado”. Hoy el Estado argentino “destina un promedio de 40 millones de dólares anuales para costear las causas por tenencia o consumo de drogas”.

La línea no está trazada según el campo de juego

Mientras el debate sigue, las organizaciones cannábicas trabajan cotidianamente en estrategias para acceder a preparados de calidad y para ayudar a quienes lo necesiten.

—Ya conseguimos muchas cosas —explica Laura Acosta sobre Macame—, sobre todo porque nos instalamos seriamente en el debate sobre la salud. Compartimos distintas experiencias con profesionales, e incluso llegamos a tener uno dentro del grupo. Lo logramos con el acompañamiento de mucha gente desinteresada.

David aporta:

—Apucam nació hace poco más de tres años. Ya se lograron un montón de cosas, entre ellas obtener una personería jurídica. El grupo humano es muy bueno, y eso genera calidad institucional. Se dieron contactos con muchas entidades públicas como el Conicet, el Laboratorio Industrial Farmacéutico (LIF) o la Universidad Nacional del Litoral (UNL).

Los convenios con instituciones sirven de respaldo a la lucha y garantizan cierta calidad en los preparados. Macame, por caso, testea sus aceites junto a la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

Pero sin un marco legal que respalde estas acciones, todo queda librado a iniciativas colectivas.

—Intentamos generar vínculos con profesionales de la salud —cuenta David—, algo que cuesta porque muchas veces están desinformados o tienen miedo de comprometerse. Y por otro lado tenemos muchas consultas particulares sobre cómo analizar los aceites, generalmente conseguidos en el mercado negro.

Macame, Apucam y el resto de los colectivos cannábicos maniobran así en la delgada línea entre lo clandestino y lo legal. La sanción del autocultivo para fines terapéuticos relajaría una tensión de años y pondría fin a una larga espera.

La pelota la tiene ahora el Senado. De su voluntad dependerá que el proyecto sea tratado o pierda estado parlamentario.