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Reseñas

Poemas desde la fortaleza

Por Instagram, Corteza Ediciones presentó Grayskull, de Diego Planisich. Es un libro de poemas nacidos de la construcción de una casa, entre el campo y la ruta, cuenta su autor. Habla también de memoria y de secretos. Escribe Agustina Lescano.

Corteza Ediciones publicó Grayskull, de Diego Planisich, dentro de su colección Musgo. El libro, con poemas nacidos entre los cimientos de una casa en construcción, se presentó en un vivo de Instragram desde tres casas distintas. La del autor, en Avellaneda; la de Carina Radilov Chirov, en Sunchales; y la de una sonriente Sofía Storani, parte de la editorial, en Santa Fe.

Sofía inicia la transmisión, aparece su gata entre ella y la pantalla y unos minutos después se suma Carina, quien escribió el prólogo del poemario. El grueso de los textos fueron trabajados junto a Analía Giordanino, íntima amiga de Carina en la vida y las letras. En el vivo, habla de una “sensación de despojo y de profunda conexión con el entorno, una sensibilidad entregada a lo que ve y siente, y siente mucho, pero lo dice de una manera muy sobria”.

Carina piensa en un “espíritu haiku”, de la huella perceptiva de un poeta que mira y transmite con sobriedad pero no por eso de manera objetiva. “Hay emotividad”, afirma. Diego, que no se reconoce particularmente como un lector de haikus, cree que “el parentesco que puede haber es esa contemplación a la naturaleza, que sin ser poemas estrictamente dedicados a la naturaleza, sí siempre fue de alguna manera el escenario”.

El hilo conductor del libro es, como dijimos, la construcción de una casa, la casa actual de Diego en Avellaneda, después de haber vivido en Santa Fe y volverse. El título remite claramente a la adolescencia en los 80. También, una guarida para los secretos o una tumba para el olvido. “Es una manera de graficar un contexto”, puntualiza Diego, después de la presentación. Usa ese término seguido y sus poemas tienen mucho de eso, son más situados que narrativos, con más contexto que información. 

Imagen de tapa de Grayskull, Corteza Ediciones.

Las imágenes de la casa y la vida cotidiana del libro se comparten encuadradas, como dice en uno de los poemas, con distancia entre el registro perceptivo y la lectura de un poema disparado. Es un ejercicio de “contemplar el contexto de uno tanto hacia adentro como hacia afuera”, dice Diego. Casi siempre, sus momentos de escritura son pausas en el movimiento, cuando está viajando, en moto o corriendo.

Cuando estuvo en la capital de la provincia estudió Letras, hizo una especialización en Paraná, atendió el teléfono de una remisería. Ya de regreso en el norte, tuvo un trabajó que lo hacía pasar cierto tiempo campo adentro, sin mucha conectividad. También empezó a correr y a construir su casa. Volvía a Santa Fe para ver amigues y familiares y organizar un ciclo de poesía, La Chochan. En un viaje con el grupo, del que yo también participé, conocimos esa casa ya avanzada y probamos los tomates de la huerta de su mamá, los más ricos que comí en la vida.

Los poemas del libro son de aquellos años. Cuando cerró la serie, Diego empezó a escribir Dos luces de frente, que se editó antes, en 2019, por Palabrava. Su primer poemario , Arrullo, fue publicado también por Corteza, en 2014.

En el Río San Jerónimo.

No faltan en estas semanas fotos y videos de argentines en sus casas. A la vez, “las cosas que pasan entre cuatro paredes siempre van a ser cosas de uno, van a ser nuestros secretos, nuestra intimidad”, como apunta Diego. En el medio, los poemas de Grayskull comparten instantáneas miradas con las antenas del lenguaje encendidas para jugar.

  Tacto
Camino por la casa
veo sus rincones y me pregunto
qué envejecerá en ese lugar
qué cosas se irán perdiendo
cuando nadie las reclame
Me muevo tocando las paredes
siento la aspereza del ladrillo
meto las yemas en las hendiduras
soy un ciego buscando
Atravieso los espacios
esquivando los puntales
la luna se mete, se apoya
en el último hierro

En los viajes hay una sensación de liviandad que tiene que ver con tener presente cada cosa que tenés en los bolsillos, con cuánta ropa cargás. En una casa esa sensación se va perdiendo de a poco, hasta que desaparecen las medias y encontrás en un cajón lo que buscabas hace dos semanas. Pero siguen estando todas ahí. Si se quiere, una casa es una construcción de la propia memoria, tira Diego: “vas a guardar cosas y dejar otras afuera, no olvidarlas sino darle un lugar y que queden ahí. En nuestra propia cabeza no olvidamos nada, queda en algún lugar. La dejás en el patio por ejemplo y en algún momento te la volvés a tropezar”.

“Uno construye su memoria mirando hacia atrás, parado en el presente”, sigue Diego. La jerga de la construcción se aprende en la práctica. En este momento en que escribo me pregunto ¿el hueco en la pared abierto para una ventana, se llama abertura antes de tener el marco? ¿A qué variedad de cosas se le dice un perfil? En el poema que le da título al libro, Diego habla de los pelos, los últimos hierros que sobresalen de las paredes, para seguir construyendo después.

 Grayskull
Los pelos apuntan al cielo
en esta construcción
que está a media altura
Estos hierros del 12 aseguran el futuro
de una estructura que guardará secretos
Las paredes de 20 serán el claustro
de una película que rodará
permanente
en cada parte del sitio
Aún queda media carga de arena
el resto ha pasado a mejor vida
o quién sabe
Las piedras
de las que nadie sabe su procedencia
alcanzarán para los próximos metros
Ladrillos apilados,
alumnos de primaria
que el hombre tomará de a uno
15
y subirá a un lugar más alto
en el mundo
Hay hierros oxidados a la intemperie
me dicen que no es grave, que soportarán
un poco más de lluvia
En este lugar se construye Grayskull
y aunque sin puentes levadizos
no descarto plantar en el frente
un ejército de flores

En las páginas del libro, dijo Carina en la presentación, “el yo aparece y desaparece”, a veces hay protagonista y a veces solo paisaje. Siempre hay, sigue, “algo orgánico, materias vivas”, palabras, ladrillos, cemento fresco, aberturas recién hechas. ¿En qué se relacionan una casa y un poema?  En el deseo de que existan ahí donde no había nada, señala Carina. “El propósito es inconmensurable, pero igual lo intentamos”, afirma. Por eso se escribe. Por la misma razón que una editorial independiente y autogestiva, que trabaja con tipografías libres, presenta un título nuevo, contra la crisis del sector y el silencio del aislamiento. 

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