Crónicas

Una clase en las calles

La disputa salarial de la docencia entrerriana permanece abierta y el gremio toma medidas dentro de un “plan de acción sostenido en el tiempo”. Al reclamo de siempre se sumó la resistencia a la reforma jubilatoria. En esta crónica de la primera marcha en Paraná las bases cuentan las razones que las sacan de las aulas y las empujan a las calles. Escribe Ramiro García.


El local de la seccional Paraná de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (AGMER) es un hormiguero a media mañana. Docentes de toda la provincia van y vienen por los luminosos pasillos. Entran desde la calle con carteles en blanco o a medio hacer, que salen pintados, completos, listos para exhibir sus consignas. Sacan banderas arriadas que en unos minutos estarán desplegadas a lo ancho de Laprida 136. Piden a los anfitriones paranaenses los elementos de la batucada de la seccional, y la batería de bombo, redoblante y repique enfila hacia la calle. Hay otros instrumentos que fueron traídos desde las demás seccionales y filiales, tal como instaba a hacerlo la convocatoria a la marcha: silbatos y más tambores se suman para sustentar con ritmo los cantos de la docencia. Algunos grupos se instalan a matear en la vereda, a la espera del llamado a ocupar la calzada. Hay festejados reencuentros de colegas, como suele ocurrir en Paraná. A veces suceden en concursos o capacitaciones; otras, quizás las más, en instancias  de lucha, como hoy.

El panorama de calle Laprida, territorio de la agrupación “Rojo y Negro”, se repite a la vuelta, sobre Alameda de la Federación 114, sede central de AGMER y cuartel de la “Celeste”.

Es miércoles 4 de marzo y el tercer día del ciclo lectivo 2020 en el calendario escolar. Es, en los hechos, la tercera jornada de huelga docente en Entre Ríos, donde las clases, después de los paros, comenzaron recién el cuarto día del cronograma oficial. La medida de fuerza había sido resuelta por el Congreso de AGMER realizado en Federal el viernes 28 de febrero, último día hábil previo al inicio del ciclo lectivo. La decisión fue unánime: representantes de los 17 departamentos de la provincia votaron a favor del paro, en repudio a la falta de convocatoria del Gobierno provincial a paritarias antes del regreso a las aulas. La cita del Ejecutivo fue para el viernes 6, que en los papeles debería haber sido el quinto día de clases, y la docencia reaccionó contra la dilación.

“Necesitamos saber, como trabajadores, cuánto va a ser el salario que vamos a cobrar. Y que nos va a alcanzar para cubrir gastos”, explica Mariana, profesora de Tecnología desde hace seis años que hoy trabaja en dos escuelas “de la zona” en Paraná. Aguarda el comienzo de la marcha a la sombra, en la escalinata de entrada al museo Martiniano Leguizamón, en Laprida y Buenos Aires, y hace una aclaración: “más allá del salario en números, el reclamo tiene que ver con la cantidad de horas que hay que trabajar para llegar a un sueldo acorde. Hay maestras que están trabajando doble turno: de mañana y de tarde o de noche. El hecho de que un salario no alcance para cubrir las necesidades mínimas afecta la calidad educativa”.

Entre la agenda de reclamos aprobadas por el Congreso del gremio se cuelan otras reivindicaciones. La de Mariana es que las capacitaciones para docentes “sean acordes a nuestro salario. Se nos exigen y además tiene que ver con nuestra profesión. Tienen un costo muy alto y son muy pocas las que se ofrecen en forma gratuita. La demanda es muchísima. Cada vez que se ofrece una gratuita se llena de docentes”.

En la escalinata del Leguizamón comienza a sentirse el batir de tambores y la arenga de los megáfonos. La columna de AGMER Central avanza por calle Buenos Aires y pasa por la esquina de Laprida. La tropa roja y negra espera que transcurra la caravana celeste y blanca para sumarse detrás. En total, la marcha cubre unas tres cuadras en su desfile por el centro paranaense.

Luchar (no sólo) para vivir bien

Etelvina marcha con la delegación de su ciudad, Concordia, pero trabaja en San Salvador. “Profesora de Historia hace ocho años, ahora en dos escuelas con las 36 horas ocupadas, ninguna de ellas vacante, ninguna titularizada”, se presenta. La pendiente de Buenos Aires en bajada le da cierta velocidad a la marcha y Verónica aprieta el paso para no quedar muy detrás de su delegación.

La profesora concordiense contesta a las acusaciones por las huelgas. Considera que “las negociaciones deberían comenzar mucho antes, no esperar al inicio de clases” y recuerda que “reclamamos todo el año para que podamos discutir cuando llegue febrero y empezar las clases con normalidad en marzo. Nunca tenemos respuesta, tomamos estas medidas y quedamos en boca de toda la gente, que dice que somos los vagos, chantas que no quieren trabajar. Pero hay que ver el manoseo que hay de parte del gobierno”.

“Venimos siempre por abajo de la inflación. Tenemos recomposición salarial, nunca aumento”

Una de sus colegas de Concordia, Verónica, aporta ejemplos que dan otra dimensión de las reivindicaciones docentes. Trabaja y es delegada de AGMER en la escuela Juan José Valle, “en la zona de Camba Paso”. Es una de las pocas docentes que marcha sin anteojos de sol pero el encandilamiento no parece molestarle. Sí se ofusca cuando reseña la lucha de su comunidad escolar. “Estamos reclamando puntualmente infraestructura y seguridad porque son frecuentes los robos. Hicimos asambleas de padres, reclamos por todas las vías, y hasta el momento nunca nos dieron una respuesta” cuenta.

Según repasa Verónica, “todo el tiempo cumplimos tareas de contención de los chicos. Vienen de barrios de escasos recursos. La escuela tiene comedor con una amplia demanda, inclusive se atiende los sábados. Llevamos útiles, mochilas, zapatillas, nos conectamos con familiares, conseguimos ropa. Todo para que puedan asistir”.

María Isabel es de Villa Elisa y maestra rural en Colonia Hambis, departamento Colón, a 220 kilómetros de Paraná. Es personal único en una escuela de campo con 14 alumnos y debe tener unos 55 años. Emprendió el día de lucha no coqueta pero sí bien prolija: un poco de maquillaje en el rostro, nada exagerado, algo de rubor, cierta labor de pestañas. Eso sí, en la capital provincial se presentó de zapatos. Zapatos de maestra. Le complican un poco el ritmo que lleva la columna de AGMER Colón cuando cruza 25 de Junio por Buenos Aires. Mientras le habla al grabador, se cuida de mantenerse en el asfalto y no meterse en el cordón cuneta, cuyo desnivel puede conducir a un tropezón.

Aún así, María Isabel marcha “porque el gobierno no ha dado una propuesta salarial al inicio del ciclo lectivo. Nos corresponde como docentes y como todos los trabajadores de la Argentina”.

La maestra rural coincide con que la lucha es “también por infraestructura de la escuela, por partidas de comedores, porque ya inició el ciclo lectivo y no han llegado”.

Ante la consulta por las condiciones de su trabajo diario como personal único sólo sugiere: “me faltarían maestros de Música y de Educación Física. Porque tengo que desarrollar yo esas actividades”.

Números en disputa

En 2019 se implementó la “cláusula gatillo” en la paritaria entrerriana. El mecanismo debe activar automáticamente una recomposición salarial proporcional a la inflación que mide el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). Durante febrero el gobernador Gustavo Bordet destacó reiteradas veces que su gestión otorgó un 57,6% en total en el año y que los sueldos que dependen del Estado provincial superaron al aumento del costo de vida, que sumó 53,8% según el organismo nacional.

AGMER niega esa afirmación con otros cálculos. Sostiene que los porcentajes de recupero salarial de 2019 recién terminaron de empatar a la inflación del 2018, cuando el poder adquisitivo docente había mermado cerca de un 11%. Esa recomposición de 2018, según el sindicato, debería restarse del cálculo que hace el gobierno sobre el 2019. Además, el sindicato recuerda que los “aumentos” del año pasado no fueron acumulativos –cada uno tomando como base el nuevo salario que resultó de la suba anterior- sino que todos se calcularon sobre el sueldo docente de diciembre de 2018. La matemática de AGMER concluye que la paritaria 2019 debería haber alcanzado un 64,8% para no perder ante la suba del costo de vida.

La minucia de estos cálculos se diluye un poco en el reclamo docente, que naturalmente se hace a un trazo más grueso. La cabecera de la marcha que ahora se ordenó sobre calle Santa Fe, rumbo al Centro Cívico, porta una bandera que proclama: “Ningún docente bajo la línea de la pobreza”. Según el INDEC, en la Argentina una familia necesitó en enero ingresos mensuales de $40.373 para no caer debajo de esa línea.

“No se toca”

Agustín da clases en la escuela Del Centenario de Paraná, donde tiene su único cargo. El joven maestro educa a 26 niños. Su voz suave y de bajos decibeles denota cierta timidez, pero sus respuestas traslucen convicción. Es de Sauce de Luna, departamento Federal, y vive en la capital provincial.

“No tengo tanta antigüedad, entonces mi sueldo es el mínimo: 23.400 pesos. Imaginate que de ahí tenés que sacar para alquiler, ropa, comida, para vivir, y materiales si querés mejorar tus clases”, cuenta mientras la movilización se adentra en la plaza Mansilla, frente a la Casa Gris.

Además de la mejora salarial, el maestro pone énfasis en que se moviliza para que no se cambie la ley de Jubilaciones. “Si bien podemos pensar que la expectativa de vida es mayor, el trabajo docente, es decir con otros sujetos, con subjetividades, es muy difícil a los 59-60 años. También defendemos el 82% móvil. Si en actividad cobro 23 mil pesos, imaginate si eso se cambia y se baja”, sugiere.

La polémica por la reforma jubilatoria se instaló tras el discurso del gobernador Bordet en la apertura de sesiones ordinarias de la Legislatura provincial el 15 de febrero. Lo presentó como un “debate impostergable sobre la sostenibilidad del sistema previsional entrerriano”, debido al déficit crónico que vive la Caja de Jubilaciones, una de las 13 del país que son administradas por gobiernos provinciales.

El Ejecutivo entrerriano ha negado en las últimas semanas que se proyecte un ajuste y que esté en los planes oficiales subir las edades jubilatorias o modificar el 82% móvil (para lo que sería necesario reformar la Constitución provincial). Los sindicatos docentes y de la administración pública, sin embargo, reaccionaron con la consigna de que “la ley 8.732 de Jubilaciones no se toca” y rechazan cualquier cambio en el régimen previsional.

Liliana, de Victoria, también está preocupada por la posible reforma. Profesora de Historia y actualmente, además, secretaria en una escuela, cuenta 22 años de antigüedad. Tiene el cargo directivo y 12 horas de aula.

“Se habla de una reforma previsional, es decir que los docentes vamos a estar trabajando con edad bastante avanzada frente a niños de seis o siete años. Todos sabemos lo que es trabajar con niños menores y en qué condiciones podemos llegar a los 60 años frente a un aula. Terminaría perjudicando a los mismos chicos”, observa la profesora.

Liliana es parte de un grupo de Victoria que usa la bandera de la seccional para taparse del sol. Desplegada sobre sus cabezas, les otorga algo de sombra para paliar el calor del mediodía paranaense. El reloj de la Casa de Gobierno da las 12, pero la hora se siente en la piel.

El acto está a punto de comenzar. Antes, como de costumbre, la docencia rebelde canta el Himno nacional. Lo hace de espaldas a la Casa de Gobierno. Las estrofas de López y Planes se entonan con seriedad, en orden. En sus respectivas movilizaciones los músicos de ATE (la Asociación de Trabajadores del Estado) gustan acompañar con su conjunto de trompetas las melodías de Blas Parera que suenan por los parlantes; en la protesta docente se canta con disciplina escolar. En algunas oportunidades lo cantan al micrófono algunas profesoras de Música con capacidad de afinación y el resto las sigue. Esta vez el coro es horizontal.

Jorge, profesor de Educación Física, no suelta la bandera de AGMER San Jaime que lleva con las manos junto a otra compañera. La sostiene extendida durante el acto en la plaza Mansilla, donde quedó entre la sombra de la Casa Gris y los rayos del sol que abrasan a la muchedumbre. Trabaja en San Jaime de la Frontera y viaja para dar clases porque vive en Concordia. La distancia entre ambas ciudades es de 161 kilómetros.

El profesor, de anteojos de sol y gorro piluso, ofrece explicaciones a la protesta desde lo simple, casi doméstico, y también aporta algún trazo de lectura política y hasta ética de la puja con el gobierno.

“En este momento no me alcanza el sueldo. La nafta se fue al carajo, todo aumentó. El código de transporte son cuatro mil pesos. No alcanza. Al varón le cuesta hacer dedo, a las maestras les cuesta menos. Pero es complicado también para ellas. Hay muchas en San Jaime que son de Feliciano, Chajarí. La calle es un peligro y cuesta moverse”, advierte. Tiene un cargo de primaria de 20 horas, repartida en dos escuelas, y seis horas de secundaria. Está a cargo de 18 grados: en cada uno enseña a grupos de entre 15 y 23 alumnos. 

“No tengo elementos para las clases de educación física. Hace cuatro años nos dieron, para cada escuela, seis pelotas de handball, dos de voley, una de futbol y seis conos. De todo eso hoy me quedan tres pelotas de handball”, relata con precisión y agrega que tuvo que comprar más pelotas, “porque los chicos tienen que aprender, tienen que hacer deporte, lo necesitan”.

Ante la pregunta por los motivos de su lucha el profesor de Educación Física insiste en que la sociedad “tiene que entender que no lo hacemos solamente por el sueldo, sino por la educación. Porque sin una buena educación los chicos no mejoran sus vidas”.

“Si el chico aprende, se independiza, razona. Pero lo que uno ve es que el gobierno no quiere que los chicos aprendan y se independicen”

De cara a la concentración sobre plaza Mansilla hablan el secretario General de la Asociación del Magisterio de la Enseñanza Técnica (AMET), Andrés Besel; el secretario de Jubilados de AGMER, Sergio Blanc; el secretario General de ATE Entre Ríos, Oscar Muntes; y cierra la ronda de discursos Marcelo Pagani, secretario General de AGMER, que destaca: “estamos unidos para defender nuestros derechos. Este paro lo demuestra: estamos fuertes para dar esta y todas las peleas”.

El acto termina entre aplausos y cantos, que van perdiendo volumen conforme se desconcentran los contingentes de cada departamento. Regresarán a las sedes de AGMER Central –la parcialidad Celeste- y de la seccional Paraná –la militancia Rojo y Negro- para refrescarse y almorzar. Luego volverán a llenar las combis y colectivos para el regreso a los más de 20 puntos de partida desperdigados por toda la provincia. Les esperan varias horas de ruta. Era de noche cuando la mayoría emprendió el viaje hacia Paraná.

Final abierto

Los gremios de la educación y los representantes del gobierno entrerriano se encontraron por primera vez en paritarias el viernes 6 de marzo –segundo día de clases en la semana y en el año- en la secretaría de Trabajo de la Provincia. Los funcionarios no ofrecieron un porcentaje de recomposición, sino que llevaron una propuesta innovadora: esperar que termine el primer trimestre del año y, en abril, establecer los cambios en el salario en base a una fórmula de tres ingredientes. Uno sería el encarecimiento del costo de vida medido por el Índice de Precios al Consumidor del INDEC, es decir la inflación; el segundo sería “el nivel de actividad económica” y el tercero “los ingresos de la Provincia”. Quedan por conocerse los métodos para calcular los dos últimos componentes de la fórmula y vincularlos a la inflación, de lo que resultaría el porcentaje a recomponer.

Los representantes de AGMER, ante el planteo, reafirmaron la demanda de una pauta salarial “que permita recuperar lo perdido en los últimos años y que garantice  estar por encima de la inflación en este año”. Salieron de la reunión y convocaron a su Congreso, mientras que la paritaria pasó a cuarto intermedio sin fecha de reencuentro.

La máxima instancia de decisión de AGMER sesionó este miércoles 11 en San Salvador. El descontento quedó en evidencia una vez más: se aprobó “profundizar el plan de lucha ante la falta de propuesta salarial” y se determinaron medidas de fuerza para las próximas semanas. Si no hay “una inmediata respuesta” que la docencia considere favorable, habrá cinco nuevos paros en Entre Ríos: uno de 48 horas comenzó este jueves 12 y continúa este viernes 13 ; otro de dos días incluirá el martes 17 y el miércoles 18; y el último será el viernes 27. En las resoluciones del Congreso docente de San Salvador no se aclaró si en alguna de esa jornadas de huelga las clases saldrán, una vez más, a darse en las calles.


Fotos: Ramiro García