Manuel Podestá y las nubes en full hd

Conversamos con el poeta Manuel Podestá, nacido en La Paz, sobre su labor como editor independiente, la poesía entrerriana y su último libro. Escribe Agustina Lescano.

Mucha de la buena poesía argentina es en realidad entrerriana. Siempre brotan poemas de la tierra que vio nacer a Juanele, Calveyra, Emma Barrandéguy y Zelarayán. Se los puede encontrar en libros, lecturas, fiestas y proyectos editoriales. Una de esas voces es la de Manuel Podestá, nacido en La Paz. Escribe Agustina Lescano.


Podestá vive en Paraná desde 2002. Estudió Comunicación Social y con amigos cofundó tres proyectos editoriales: Ese es otro que bien baila, Gigante y Lomo. Hace diez años que empezó a publicar,  con Uruguayita (Eloísa Cartonera, Bs. As., 2009)*. En septiembre de 2019 salió su último poemario, Holograma de Palmeras, que es a su vez una de las primeras publicaciones de la paranaense Azogue Libros.

¡El roedor más grande del mundo es entrerriano!

Escribir y leer son dos prácticas de un mismo magma. Es difícil que alguien escriba poesía sin leer poemas. Cuando leemos nos damos nuestra propia versión, actualizándola para nuestro capricho personal o dentro de la conversación que vengamos recorriendo, como lectores, como personas que nos comunicamos. En Holograma de Palmeras hay tres reescrituras de poemas que son creaciones nuevas, al estilo de las traducciones de Colección Chapita. Dice Podestá, entrevistado por Charco:

– Es algo que me encanta hacer, me divierte mucho, no sé si en la lectura eso se nota, pero muchas veces siento que el resultado refleja lo lúdico que fue esa tarea de volver a escribir cosas de otros. No hago traducciones por lo que la única posibilidad que me queda es reescribir impunemente (risas) poemas que me parecen increíbles. Es como un homenaje que intento hacer a los poetas que escribieron esos textos que yo uso para el juego de reescritura. En todos los casos adapto algo que transcurre en China, Estados Unidos o Irlanda, como son los casos del libro, a mi propia experiencia, acá en cualquier lugar de Entre Ríos por los que ando.

“…Yo pensaba que el mundo/ entero era esta provincia, a lo sumo la luz de Uruguay. /Pero una vez apareció México” cuenta con un poco de ¿ironía? el poema Frontera. Otro poema, Yatay, recarga y remixa la  observación del Palmar.

Yatay
Una palmera yatay,
100 palmeras yatay
entre los pastizales,
20 palmeras yatay,
cielo fucsia,
300 palmeras yatay
entre los pastizales,
cielo naranja fosforecente,
una palmera yatay torcida,
dos carpinchos miniaturas
bañándose en agua y barro,
pelaje brillante petróleo,
cielo azul, cielo negro.
1.000 palmeras yatay entre los yuyales,
una familia de carpinchos hinchando las bolas
al costado de la ruta de tierra.
Otro carpincho mastodonte echado en el camino
ni moquea cuando pasan las camionetas.
Una moto levanta polvo
y roza los bigotes de un carpinchito color caca
¡El roedor más grande del mundo es entrerriano!

Compartir el juego y la experiencia

Muchas veces, las vivencias propias son la materia prima de los poemas. A la experiencia de la lectura la acompaña la del paisaje, y el litoral se inunda del lenguaje de la percepción propio de alguien que nació en los ‘80 y sabe de diseño y edición: gifs, loops, cámaras que se acercan y se alejan. La imagen tiene música y la voz que las hace aparecer, en el mismo momento, las modifica. Así pasa que se alteran la lógica y se puede afirmar: “El río Uruguay está movido/ debe estar volando el cardenal”.

En la contratapa de Holograma de Palmeras, Julián Bejarano escribió: “Donde va Manuel va su poesía. Una vida un cuaderno un poema un cauce un río. Me tomo el atrevimiento de imaginar a muchos poetas entrerrianos como ríos que viajan y marcan con voces profundas a Entre Ríos”. ¿Cómo se trazan las líneas acuáticas de ese mapa poético? Podestá comenta que  encuentra tradiciones compartidas con la poesía de otres autores del litoral, “por ahí la más fuerte es ese asunto de que lo primero que se advierte en muchos poemas es el paisaje, aunque cada autor brinda una versión diferente o nueva de eso que vio y que después llevó al texto, con las particularidades de la voz del autor. Singularidad que en esta provincia tal vez esté impregnada por la manera que tenemos de hablar naturalmente y cotidianamente, inventando dichos, metáforas, metiendo refranes, alterando el orden de las palabras.” Lo importante del gesto es que hay “juego, búsqueda y estilo compartido por varios”.

Turismo
El turismo es una carpa al pie de unos talas,
la bajada al arroyo de Los Loros,
otro gran pasillo zigzag de selva en galería.
Escuchen el pico de un pájaro carpintero
en los troncos ahuecados de un aguaribay.
Escuchen la soledad de un sábado a la tarde
a la orilla del arroyo,
escuchen a los moncholos saltar a la superfice,
oigan en pajareo de los zorzales,
oigan a la mariposa blanca y naranja
aletear en el eterno GIF de la realidad,
escuchen los yuyos ser pisados por dos gallinetas,
el deslizar de las iguanas locas del calor.
Mientras respondía, le pedimos a Manuel que dibuje lo que se le ocurriera.

La edición independiente

Hasta 2017, Podestá y Julián Bejarano editaron libros en Gigante. El sello tenía un diseño fácilmente reconocible por su estética y por el cuidado dado a cada ejemplar, expuesto y entregado en una bolsita transparente. “Fueron siete años increíbles de viajar por todos lados vendiendo en ferias de editoriales los libros que hacíamos en Paraná”, recuerda Podestá. La editorial publicó 50 títulos, la gran mayoría de poesía y algunos de narrativa y ensayo. Trabajó siempre de manera hogareña, con impresoras para los interiores y otras para las cubiertas, “con un diseño de cubiertas y maquetas muy pensadas, desde la elección de la tipografía, hasta los detalles del colofón o las páginas iniciales”, explica el editor.

Antes, en 2010, Podestá y Bejarano habían estado al frente del proyecto editorial Ese es otro que bien baila, junto con Cristian Monti -poeta y actual coeditor de Neutrinos- y el poeta Ariel Delgado. “Fue una idea que sostuvimos durante un lapso breve pero lindo porque fue el primero de todos. En casi dos años publicamos 15 títulos y además hicimos varios ciclos de recitales de poesía donde autores de la zona leían sus textos y se armaban fiestas a partir de la poesía, que era lo que nos unía a todos”, cuenta Podestá.

En el 2017, Bejarano y Podestá se juntaron con Tomás Fadel, de Fadel&Fadel, y armaron Lomo Libros. El proyecto surgió al ver que ambas editoriales tenían intereses compartidos a la hora de publicar y el mismo problema de todas las independientes: la distribución. Gigante, desde Paraná, y  Fadel, mendocino radicado en Buenos Aires, se aliaron en el catálogo de Lomo e hicieron libros impresos en offset, con tiradas más grandes y distribución en una buena cantidad de librerías del país.

¿Cómo llega a sus lectores y a los medios culturales una editorial independiente?

-Me parece que ahora las editoriales independientes llegan mejor a los lectores en Entre Ríos y tal vez en otras provincias pase lo mismo. Toda la locura voraz de internet acercó mucho la propuesta de una editorial a los interesados en los libros, cualquiera sea el género que se publique. Creo que a los medios culturales (librerías, medios de comunicación, centros culturales, eventos y espacios de arte, universidades, espacios barriales) se llega por internet, pero creo que mucho se llega por el famoso boca en boca, y mucho por el contagio que puedan transmitir los propios editores a los lectores. Y algo que es más importante aún: las ferias donde se muestran los libros y se vende directamente al público. Estos últimos cuatro años fueron más horribles para el campo editorial por las políticas económicas de devaluación constante. Ojalá se revierta y el sector editorial crezca otra vez.

Lomo tuvo actividad hasta fines de 2018, “aunque siempre hay ideas de libros dando vueltas”, dice Podestá. Siempre hay ganas de publicar y parece ser que eso siempre se canaliza junto a otras personas, dándole el debido cuidado a cada título. Podestá afirma que “la edición como trabajo de equipo ayuda a que el resultado final del libro que se ofrece al lector sea el mejor y más hermoso posible, tanto si es un proyecto industrial como algo más hogareño o artesanal. También hay muchos proyectos editoriales sostenidos por una sola persona que son espectaculares. Pero si la editorial, además de tener alguien que hace el trabajo concreto de edición, también cuenta con un diseñador y un corrector, creo que permite por lo menos mejores condiciones de trabajo, y en cada etapa del proceso de edición se reduce la parte estresante que tiene cada una (risas).

Holograma de Palmeras se consigue en Paraná en Azogue Libros (Alem 165) y en Santa Fe en Del Otro Lado Libros (25 de Mayo 2867). Adentro del poemario, se puede “…pasar por arriba de los campos/ regados por glifosato” y también –afortunadamente- encontrar que “los mates amargos nunca se enfrían/ los sánguches están tiernitos/ y las nubes en full hd.”


*El autor también publicó Valiant (Ese es otro que bien baila, Paraná, 2010), El día perfecto de la tierra será el último de todos (Gigante, Paraná, 2012), Imperio (La Propia Cartonera, Montevideo, 2012), Los menos experimentados (Julieta Cartonera, Toulousse, 2012), La soledad del tenista eliminado (Caleta Olivia, 2016) ; el libro de relatos Superclásico (Ese es otro que bien baila, 2011) y una colección de cinco plaquetas de poesía reunidas bajo el nombre de Los Ovnis (Gigante, 2013). Además, fue incluido en la antología 30.30 poesía argentina del siglo XXI (ES, EMR y CCPE/AECID, Rosario, 2013) y Los Fuegos de Orc (Mágicas naranjas, Buenos Aires, 2019), entre otras.